
En la línea de producción de alimentos, la carga microbiana no representa un simple riesgo que pueda gestionarse con hojas de cálculo; se trata de lotes rechazados y problemas relacionados con el cumplimiento de las normas. Las toallitas estándar limpian lo que se puede llegar a alcanzar, pero no logran eliminar los microorganismos que se encuentran en lugares difíciles de acceder: cavidades en los equipos, grietas en las cintas transportadoras, etc.
La solución es utilizar lámparas germicidas UVC de alta penetración, que actúan sobre el problema de manera similar a como lo hace la física. Estas lámparas emiten una dosis controlada de fotones de 254 nm, los cuales destruyen directamente el ADN y ARN de los microorganismos, evitando así su reproducción. El resultado es una eliminación eficaz de bacterias, mohos y virus, con una tasa de reducción del 99.9%.
Lo importante no es solo la potencia de la lámpara, sino también la dosis de radiación que llega al área afectada. Es necesario que haya suficiente intensidad de radiación y que esta dure el tiempo suficiente para alcanzar la densidad energética necesaria (en mJ/cm²). Los sistemas UVC de alta penetración utilizan mangas de cuarzo sin ozono y una geometría de reflectores que permite que los fotones de 254 nm penetren profundamente en las estructuras más complejas.
Nosotros nos encargamos de garantizar una ignición estable de la lámpara y una salida espectral constante durante toda su vida útil, de modo que la dosis de radiación no varíe incluso cuando la línea de producción está en pleno funcionamiento.
Y esa es la razón por la cual este sistema funciona bien: convierte el proceso de saneamiento en algo medible. Los tiempos de ciclo son más cortos que los métodos químicos, los costos de los consumibles disminuyen y las fugas microbianas ocurren con menos frecuencia. En la práctica, esto se traduce en menos interrupciones en la producción, mayor eficiencia y registros de dosis que pueden ser presentados a los auditores.
Antes de decidir qué tipo de lámpara utilizar, hay que tener en cuenta dos factores importantes: la intensidad de los rayos UVC disminuye rápidamente con la distancia (según la ley del cuadrado inverso), y la geometría del equipo crea zonas con poca radiación. Es necesario colocar las lámparas de modo que las superficies críticas reciban la dosis mínima necesaria. Además, es importante realizar pruebas con radiómetros y programar el reemplazo de las lámparas a intervalos regulares. La potencia de la lámpara disminuye antes de que esta fallen eléctricamente.